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Espina protectora.
La amabilidad del médico no siempre se encuentra a flor de piel. En ocasiones la simpatía del paciente se debe buscar con dificultad. Ambos se protegen sin saber la causa.
2001-06-05
En la vida cotidiana es necesario tener relaciones interpersonales. Esa es la escencia de la existencia. Si se mira la parte profesional y el contacto médico-paciente, esa verdad es aún más cierta.
Hoy en día, no es infrecuente ver como médicos, aparentemente conocedores del saber científico, tratan con rechazo o displicencia al angustiado paciente que busca su ayuda. A su vez, no es ocasional encontrar pacientes engreidos, conocedores del saber popular, que pretenden dar cátedra científica al humilde galeno que busca la verdad en su limitado intelecto.
Ambos grupos humanos colocan una barrera protectora a su rededor compuesta por "espinas" concientes o dolorosamente inconcientes. El rechazo bilateral hace que en el contacto entre paciente y médico sea difícil, y el resultado del tratamiento muchas veces sea negativo.
Si se cortan las "orgullosas espinas" que dificultan la relación médico-paciente y se cambian por "algodones sencillos", el resultado final será, ver a un par de amigos en una humilde búsqueda de la verdad.
Comité editorial.
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